Por Cornelius Hopmann
"No se nace francés, si no se hace francés en la escuela", escribió
hace más que medio siglo el escritor conservador francés Andrés Malraux
como Ministro de Educación del Presidente Charles de Gaulle, resumiendo
en esta frase casi un siglo de tradición educativa francesa.
En este sentido la Nicaragua, que tenemos hoy y la Nicaragua, que
tendrán nuestros hijos y nietos mañana, es y será en gran medida
resultado de la escuela nicaragüense.
Pero parece que, igual como Nicaragua no supo aprovecharse de la
abundancia en recursos naturales como bosques y agua, mas bien se
apresuró en el afán obtener ganancias rápidas en despilfarrarlos hasta
destruirlos, en la misma manera Nicaragua está despilfarrando su
recurso más valioso, sus jóvenes. Y cómo hoy los recursos naturales ya
escasean, dentro de menos que una generación se hará escaso este otro
recurso también..
Hay ya la caída dramática de tasa de fecundidad por mujer, de tal forma
que la cantidad de jóvenes menor de 15 años y mayor de 3 años, ya no
crece, sino se reduce cada año en un 0.18 por ciento como promedio.
Si la tendencia sigue igual, en el próximo censo poblacional del 2015,
Nicaragua tendrá una tasa menor que 2.1 hijos en promedio por mujer, es
decir entrará al mismo proceso de envejecimiento acelerado y reducción
poblacional al mismo tiempo, que se inicio en países como Alemania y
Japón hace medio siglo ya, para expandirse rápidamente hasta a países
católicos como España o Italia.
Estos países, como otros, se enfrentan a este proceso demográfico
mejorando sistemáticamente sus sistemas de educación, para hacer sus
economías más productivas, en vista que en un futuro cercano menos
personas económicamente activas tendrán que alimentar y mantener de una
forma u otra a una creciente población jubilada.
Mientras, en Nicaragua siguen comentarios bizantinos de editorialistas
que le echan la culpa de la aparente sobre-población en las aulas a los
proletarios con demasiados hijos, como si se viviera aún en el siglo
XIX.
En contraste, Costa Rica lanza un programa audaz de expandir la
educación secundaria, incluidos los hijos de los emigrantes ilegales
nicaragüenses, quienes, así visto, con razón emigran en millares al
país vecino.
Nicaragua tendrá una pequeña ventana de oportunidad de quizás unos 10 a
15 años, en la cual la cantidad de hijos dependientes se está
reduciendo, la cantidad de personas en la edad a trabajar esta aún
creciendo, mientras aún no habrá la avalancha de personas de tercera
edad a sostener.
Si se aprovecha esta ventana, capacitando en forma organizada al millón
de jóvenes entre 15 y 25 años para subsanar lo que les faltó en
educación, y echándolo todo a mejorar la educación pública para que el
próximo millón salga mejor, entonces Nicaragua tendrá aún un chancecito
de ser en el año 2050 un país donde se podrá vivir.
Si se pierde está oportunidad única, la Nicaragua del 2050 será una
país desértico de ancianos miserables, sin la más mínima posibilidad de
remediarlo en algún momento.
Es la pregunta de "ser o no ser" como país, lo que está en juego en
este quinquenio, no si el Ministro de Castilla tiene malos modales, o
si por falta de atención debida durante décadas ha habido escuelas sin
condiciones apropiadas, algo remediable a corto plazo si hay una
voluntad como nación, poniendo las prioridades apropiadas
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