
Quizás os sorprenderá que hace un blog de fútbol hablando de rugby (la información sobre el mismo en este país ha sido tan pobre, que bien merece la pena darle un homenaje a aquellos blogs que se han atrevido a hablar de este fantástico deporte), pero una jugada, determinante en el desarrollo de la final del mundial, me hace traer de nuevo el debate del uso de las nuevas tecnologías y su aplicación a nuestro deporte.
Como bien comentan en Bar Deportes, un ensayo de Inglaterra ha necesitado de 80 revisiones a cargo del árbitro de televisión para decidir si dar por válida la jugada.
¿Qué implicaba? El ponerse Inglaterra por delante del marcador. 80 revisiones que se han resuelto por un matiz: el jugador inglés, empujado en el placaje por un jugador surafricano, pisa la línea lateral del campo antes de posar el balón en la zona de ensayo. Total, el ensayo no era válido. Y lo que el árbitro, sin la revisión de la televisión y la opinión de un cuarto árbitro, hubiera dado por bueno, no lo era. Y las imágenes que veía el árbitro, las veía todo el público en el estadio. Así que imaginaros si se hubiese tratado de un gol fantasma en el fútbol, ¿qué implicaciones habría si no tenemos la tecnología a mano o el uso
adecuado de las imágenes televisivas? Y no estamos hablando de balón mágico, ni de postes inteligentes. Estamos hablando de un uso adecuado de las imágenes.
Básicamente, el objetivo es evitar que una jugada a todas luces no válida, suba al marcador, e implique al resultado de un partido (de la trascendencia de una final mundial). Es decir, si el árbitro da por bueno un gol fantasma, con el parón que eso significa en el partido, ¿qué le cuesta para tener toda la seguridad de que no se ha equivocado pedir el visionado de la jugada a un cuarto árbitro o juez de televisión? ¿Por qué no nos quitamos el miedo al posible error? Si la jugada en los resúmenes de los programas de la jornada nos la repiten toma tras toma, hasta que podamos sacar una conclusión, ¿por qué es erróneo hacerlo en el campo de fútbol?
Aquí no hay interpretación del reglamento posible. O el balón pasa por completo la raya de gol, o no se puede conceder gol. Ojo que no estoy hablando de penalties o fuera de juegos o expulsiones, que ahí si entra la interpretación del árbitro. Hablo de una jugada complicada de ver como un gol fantasma.
El ejemplo es claro, con lo que pasó ayer en la final del mundial de Rugby. 80 tomas y varios minutos para dictaminar la validez o no de la jugada. Fijaros la complicación, de una jugada a la postre vital para el desarrollo del partido. Se resolvió y luego nadie se quejó. En caso contrario, o en el caso del fútbol, declaraciones duras contra los árbitros, en jugadas que es imposible saber si es o no es gol. Y aquí el rugby vuelve a darnos un ejemplo de comportamiento, cuando un jugador inglés se dirige al público al terminar el partido y dice respecto a la polémica jugada: Unos días tienes suerte que te lo concedan y otros no. A los árbitros hay que dejarles arbitrar. Una cosa como estas no puede sacar brillo a una victoria tan merecida como la de Suráfrica.
¿Cuando dejará el fútbol de mirarse el ombligo, y aprender de otros deportes con tanta o más tradición que el Rugby? Por cierto, ganó el mejor, y esta vez Wilkinson no pudo con ellos, pero eso al mundo del fútbol no le interesa.
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